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Smart Cities por Renato de Castro

Smart Cities por Renato de Castro

Renato de Castro es un consultor senior de proyectos Smart City con más de 20 años de experiencia y especializada en la atracción de inversiones y la gestión de proyectos de ciudades inteligentes. Es vicepresidente de Smart Cities en CREF, Inc, un banco de inversión americano de Pittsburgh. También es miembro del consejo asesor mundial de Leading Cities, con sede en Boston, y asesor internacional para WeGo, en Seúl. Renato responde como mentor y asesor especializado en estrategias de globalización para nuevas empresas de todo el mundo.

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Renato Castro durante el Congreso Latinoamericano CHILE DIGITAL, realizado en el Espacio Riesco.
FOTO: PABLO VERA LISPERGUER/AGENCIAUNO

¿Qué implica vivir en una Smart City?

Hay mucha formas de clasificar las Smart cities, pero la respuesta la tiene que dar la persona que vive allí. Por ejemplo, en América Latina es donde más ciudades inteligentes hay y la gente no siente que vive en una Smart city. Estamos en la cuarta generación de Smart cities, la primera fue cuando las grandes empresas empezaron a desarrollar soluciones completas para la ciudad. Eso cambió a dos fases de transición y ahora estamos en una cuarta en la que los ciudadanos somos una parte muy importante del proceso de Smart city. Para mí es más una filosofía integrada donde el gobierno, la iniciativa privada y los ciudadanos son partes importantes en la misma intensidad.

¿Qué países pueden considerarse referentes en la proyección de Smart Cities? Y ¿qué ciudad es la que considera más smart?

Hay dos tipos de Smart cities, las “Greenfield Operations”, que son las ciudades nuevas, construidas en un área virgen, y las “Brown Cities” que son ciudades que cambian la parte urbanística de lo que ya existe. En cuanto a “brownfield” una de las referencias más importantes del mundo es Barcelona por todo lo que hizo en las pre-olimipiadas con la parte humanística y social. Luego tenemos Londres, en EEUU están como referencia San Francisco y Nueva York. Y ahora, como concepto “greenfield” tenemos ciudades nuevas como Songdo que es la ciudad más desarrollada del mundo como ciudad inteligente greenfield en Corea del Sur. Para mí Singapur es el mejor ejemplo mundial de Smart city, porque es un a mezcla de “brownproject” con “greenfield”.

Independientemente del desarrollo posterior de cada una, ¿cuáles cree que son los ejes fundamentales de una Smart City?

Primero tenemos que tener en cuenta el potencial de la tecnología, de las TICs, ahora se habla mucho de “Internet del Todo”. Después, las ciudades inteligentes tienen que estar orientadas a los ciudadanos, la tecnología tiene que ser un conductor y tenemos que tener en cuenta su necesidad. El objetivo final debe ser mejorar la calidad de vida. Esos son los tres pilares fundamentales.

Actualmente, también se tiene que tener en cuenta las nuevas economías, como la economía creativa, economía participativa, co-creación, economía circular.

Además, los proyectos deben trabajar mucho en la resiliencia de la ciudad, no importa si hablamos de una ciudad grande o pequeña. Si nos fijamos en una ciudad pequeña, se habla mucho de ‘Smart villages’ y cómo afrontar la migración. En los próximos 30 años, solo en la India 300 millones de personas van a migrar de las ciudades pequeñas a las grandes metrópolis mientras no se haga algo para cambiar esto.

¿Cuál es el mayor obstáculo con el que se encuentra a la hora de desarrollar un proyecto Smart City?

Sin duda es la mentalidad política y social. Los proyectos de Smart city están hechos con dinero privado. Hay mucho dinero dedicado a proyectos así porque los problemas que resolvemos ya evitan las pérdidas de dinero en gasto. En Europa se pierde mucho esfuerzo en intentar hacer proyectos con dinero público y se olvida de  hacer proyectos de sostenibilidad económica.

¿Cómo se está aplicando el ‘big data’ en el desarrollo de modelos predictivos? ¿Puede poner algún ejemplo?

Con el nacimiento del ‘internet de las cosas’, vamos a tener una cantidad absurda de datos que tienen que ser procesados. Yo creo que los proyectos que ahora son interesantes son en los que los gobiernos están abriendo los datos para que las empresas privadas hagan uso de ellas para generar nuevos servicios que hacen girar la economía. Ese es el futuro del ‘big data’ en Smart cities. Participé en un proyecto piloto en Corea donde las estadísticas de criminalidad con la información de las cámaras de vigilancia de la ciudad se cruza para hacer modelos predictivos de criminalidad.

El suministro sostenible de la energía es un punto sensible de gestionar por parte de las ciudades, ¿cree que habrá progresos a corto plazo?

Yo creo que sí, pero los gobiernos tienen que trabajar muy seriamente en adaptar los instrumentos jurídicos de partnership, como las PPPs (Public-private partnership), eso es importantísimo para atraer las inversiones privadas en el sector de la energía. Ya conozco varios proyectos interesantes como en la parte de generación de energía solar en la que una empresa privada va a hacer una PPP con el gobierno para captar, distribuir y vender energía solar. Cuando hablamos de energía, hablamos de una cuestión estratégica nacional; cuando hablamos de la iluminación pública es una cuestión exclusiva de la ciudad, y eso tiene que cambiar. Por ejemplo en São Paulo, los impuestos que pagamos de energía pública van a una empresa privada que en un futuro impulsará la iluminación pública. Este acuerdo provee no solo la oferta y manutención del servicio público de iluminación, sino también la modernización, ahí está la oportunidad para las empresas privadas.

¿Qué estrategia deben seguir las ciudades para hacer un sistema de iluminación sostenible?

Los inversores que están dispuestos a poner dinero en las ciudades inteligentes no son inversores tradicionales, la mentalidad que hay que tener es como la de las startups que hacen ‘elevator pitch’ presentando unos objetivos, muy dirigido al negocio. Yo tengo una teoría que es unir el concepto de Smart city dentro de la filosofía de startup. Así se pueden hacer mucho más rápido los procesos y hablar un lenguaje que los inversores de startup comprendan bien.

¿Qué papel juegan las compañías eléctricas y qué compromisos adoptarán en evolución de dichos sistemas?

Precisamente tener un discurso de Smart city, porque muchas veces son empresas tradicionales. Cuando hago consultoría les aconsejo empezar por un proyecto spin off fuera de la empresa, si no van a pensar siempre de la misma forma que se pensaba en la matriz tradicional de energía. Y ahí sí que surge un producto más fácil de vender. Si hablamos de iluminación, el 30% de los recursos consumidos por la ciudad viene de los edificios, por eso se trabaja ahora en los Smart building. Y aquí hay un seguimiento más grande que la iluminación pública, que es la iluminación público-privada dentro de las empresas privadas. En Dubai, por ejemplo, todos los edificios van a tener que ser sostenibles para 2025 y tienen que producir su propia energía. Por eso, producir energía es una de las oportunidades para los Smart buildings.

Ahora es muy común la colaboración público-privada, ¿qué condiciones deben poner las ciudades y los gobernantes para que estas colaboraciones funcionen?

Yo creo que la conciencia ya existe, y no es el discurso sólo para ser más sostenible ambientalmente, sino también social y económica. Hay proyectos muy concretos de sostenibilidad económica, hace años era muy costoso hacer proyectos de energía alternativa. Las empresas están aguardando mucho el momento político para eso, y yo creo que ya hay que plantear estos proyectos. Yo fui el consejero para el candidato que ganó las últimas elecciones en São Paulo, que viene del sector privado, la mitad de su propuesta de campaña fue con un discurso de Smart city. En Latinoamérica ya está muy arraigado ese concepto y tenemos que traer soluciones. Por eso, los proveedores de soluciones de Smart city ya deben invertir en proyectos grandes y llegar con soluciones completas para las ciudades.

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